“En el día que temo, yo en ti confío» Salmo 56:3.
¿Has escuchado hablar del término “secuestro de la amígdala”? Es cuando una parte del cerebro percibe amenaza y activa el modo supervivencia. En segundos dejamos de pensar con claridad y reaccionamos por impulso. De alguna manera la amígdala secuestra tus pensamientos y toma el control.
Algo así le ocurrió a Rebeca. Un día, escuchó que su esposo Isaac planeaba bendecir a su hijo mayor Esaú. Pero Dios había prometido que el mayor serviría al menor. En su mente, aquello fue una amenaza, “El plan se arruina”. El miedo tomó el control.
En lugar de confiar en que Dios podía cumplir Su palabra, decidió intervenir. Diseñó un engaño para asegurar la bendición sobre su hijo Jacob. A corto plazo pareció funcionar, pero el precio fue alto: odio, huida y una familia fracturada.
Cuántas veces hacemos lo mismo. El temor nos convence de que, si no actuamos ya, todo se perderá. Entonces manipulamos, presionamos o forzamos resultados “para ayudar” a Dios.
La próxima vez que el miedo te empuje a tomar el control, haz una pausa. Ora antes de hablar. Espera antes de decidir. Confía antes de intervenir. ¿Qué temor hoy puedes dejar y descansar en que Dios se encargará?
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