«El SEÑOR da rectitud y hace justicia a los que son tratados injustamente.» Salmo 103:6
¿Alguna vez pagaste la deuda de otro? Y no hablo solo de dinero. A veces es la mala actitud de alguien que te obliga a dar la cara. Un hijo que mancha tu nombre. Una decisión ajena que cambió tu historia para siempre. Vivimos en un mundo caído, y muchas veces el pecado de otros nos alcanza.
Eso le ocurrió a la hija de Jefté, en el tiempo de los Jueces, cuando cada uno hacía lo que bien le parecía. Lleno de temor ante la guerra, su padre hizo un voto apresurado, prometió ofrecer en sacrificio a quien saliera primero de su casa si Dios le daba la victoria. Dios nunca pidió sacrificios humanos. Sin embargo, tras la victoria, quien salió fue su única hija.
Ella no hizo el voto. Pero cargó la consecuencia.
La Biblia no registra que reclamara ni que se llenara de amargura. Pidió tiempo para llorar y enfrentó su realidad con una fe sobria. Su historia nos recuerda que no siempre elegimos lo que nos sucede, pero sí cómo responder.
Jesús vino a redimir incluso aquello que otros dañaron. Dios promete ser defensor y hacer justicia.
¿Hoy cargas con el pecado de otros? Lleva tu dolor a Dios. Confía en que tu historia no termina en la imprudencia de otro, sino en la fidelidad de tu Padre.mientras Él obra a su tiempo de maneras perfectas.
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