Los hijos de Dios protegemos la vida, el problema es que aunque en el presente se habla de “vida”, este concepto no corresponde con el concepto bíblico de vida.
La palabra de Dios, define la vida biológica desde la concepción, con varios factores determinantes:
1- Dios es quien determina la vida, la Escritura dice “tú formaste mis entrañas”, lo que revela que Dios crea los mecanismos para que se desarrollen nuestros órganos.
2- Dios me conoce, me vio antes de nacer, esto describe un estado antes de la formación completa de nuestro cuerpo, incluso antes del nacimiento.
Es decir, la Escritura afirma que Dios ya ve, conoce y reconoce a la persona en esa etapa temprana. ¿Si Dios me conoce porque el hombre no lo haría? La dignidad del ser humano no nacido, reside en el conocimiento de Dios, de nuestra vida y existencia, no de las suposiciones o convicciones particulares de otras personas.
Entonces la expresión “Mi embrión vieron tus ojos”, resalta la idea de conocimiento íntimo y anticipado por parte de Dios y esto lo define todo.
3- No se trata solo de un estado del ser humano, un estado físico o biológico embrionario, sino que en este estado está toda la información suficiente, específica de todo lo que va a ser formado en la persona, los datos de este conocimiento previo, confirman un ser único, potencial y digno de protección, amor y oportunidades, pues Dios conoce el cuerpo y la vida antes de formarse completamente, Él la crea, la diseña y la sustenta.
Hay una analogía muy precisa de Salmos 139:16 con el ADN: “Libro” ≈ información. “Escritas” ≈ diseño previo. “Formadas después” ≈ desarrollo biológico.
Esto solo comprueba que existe un diseño previo e invisible que luego se materializa en el cuerpo, por lo tanto, no somos nosotros los que creamos, diseñamos y sustentamos la vida, solo nos limitamos a administrar y respetar lo que Dios dispone.
Entonces somos responsables morales, pues no somos los creadores últimos de la vida, sino administradores dentro de un diseño que nos trasciende, que no podemos comprender plenamente “Como tú no sabes cuál es el camino del viento, o cómo crecen los huesos en el vientre de la mujer encinta, así ignoras la obra de Dios, el cual hace todas las cosas.” (Eclesiastés 11:5).
¿Qué consecuencia tiene esta idea bíblica? Antes de que existieras, ya eras conocido plenamente por Dios, y tu existencia no es accidental, ¡tienes un propósito de Dios en Cristo!
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