“Si comes de su fruto, sin duda morirás” Génesis 2:17
¿Alguna vez te has preguntado qué pasó por la mente de Eva al sostener el cuerpo muerto de su hijo en el campo? Ella, la primera mujer, estaba viendo cara a cara la muerte física por primera vez, y de la forma más cruel, un hijo asesinado por otro de sus hijos.
Estoy segura de que, en ese campo, Eva recordó la voz de la serpiente susurrando: “No morirás”. ¡Qué mentira tan amarga! Seguramente lloró abrazando a su hijo, pensando “¿Por qué lo hice? Si tan solo no hubiera comido de aquel fruto…”.
Tal vez hoy tú te sientes como Eva. Miras las consecuencias de tus decisiones pasadas y te duele. Quizás lloras una separación, unas palabras que no debiste decir o una puerta que se cerró por tu error. El pecado nos ciega en el momento, pero después nos llena de culpa y dolor.
Pero sabes, en ese mismo huerto donde todo se rompió, Dios prometió que un descendiente heriría a la serpiente para siempre. Ese hombre es Jesús.
Él cargó tus dolores, tus culpas y ese pasado que hoy no te deja dormir. Si hoy vives las consecuencias de tus malas decisiones, corre a Jesús, permite que Él llene de esperanza tu vida y te haga una mujer nueva.
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