“Esta vez, alabare a Jehová; por esto llamó su nombre Judá” Génesis 29:35
¿Alguna vez te sentiste no amada? Imagina que tu padre te dé en matrimonio mediante engaños. Que, después de tu noche de bodas, tu esposo se asuste porque esperaba a otra. Y que luego decida casarse con tu hermana, la que sí consideraba hermosa.
Eso le pasó a Lea. Vivía a la sombra de otros, con un vacío constante. No amada por su esposo, despreciada por su padre y minimizada por su hermana.
Pero de pronto comenzó a tener hijos, y allí encontró algo que parecía darle valor. Cada hijo llevaba un nombre que significaba el anhelo de su corazón. Al primero lo llamó Rubén que significa: “Mira, un hijo”. Al segundo, Simeón: “El Señor ha oído”. Al tercero, Leví: “Ahora sí se unirá mi marido conmigo”. Cada nombre era la esperanza de ser amada por su esposo.
Sin embargo, ni eso llenó su vacío. Hasta que con su cuarto hijo su corazón entendió algo. Lo llamó Judá: “Esta vez alabaré al Señor”. Dejó de buscar amor en un hombre y descansó en ser vista por Dios y recién ahí pudo alabarlo.
¿Dónde estás buscando tu valor? ¿Cuál es tu fuente de amor? Si buscas en relaciones, belleza, capacidad o hijos, siempre te sentirás infeliz. Solo en Dios tu identidad cobra sentido y sólo Él puede ser la verdadera fuente de amor.
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