¿Qué nos puede enseñar Santiago acerca de cómo responder a la voz de Dios?
Santiago nos dice que no nos contentemos solamente con escuchar la Palabra, el secreto para responder a la voz de Dios es llevarla a la práctica. Jacobo, como es su nombre en hebreo, era uno de los hermanos de Jesús, Mateo 13:53-56, había crecido con Jesús y lo había escuchado desde que era pequeño, pero no había creído en Él. Cuando Jesús resucitó se le apareció como dice 1 Corintios 15:7 y desde ahí Jacobo, creyó y fue transformado hasta volverse un pilar de la iglesia primitiva y uno de los primeros mártires por defender la fe en Jesús.
Todavía se suele identificar el ir a la iglesia y leer la Biblia con el cristianismo, pero eso no es ni la mitad del camino. Lo realmente importante es llevar a la acción lo que hemos escuchado. No podemos tener los ojos cerrados al hecho de que lo que se lee y se oye tiene que vivirse.
Santiago, dice que la persona que oye, pero no hace, es como el que se mira en un espejo, luego se va y se olvida como es. Al escuchar la Palabra de la verdad se nos revela cómo somos y cómo deberíamos ser. Si no hacemos más que oír, pero no nos sometemos al Señorío, para que Él nos transforme con el poder de su Espíritu, todo se queda como está y no le sirve de nada.
En cambio, quien se fija atentamente en la Palabra, en la ley perfecta que da libertad y persevera en ella, no olvidando lo que ha escuchado y poniéndolo en práctica, esta persona recibe bendición.
A veces escuchamos la Palabra, pero se nos olvida, porque viene la tensión, la rutina de la vida, las tentaciones, las situaciones complejas, la enfermedad y muchas otras cosas que van a intentar tomar el control de nuestros pensamientos y dejamos que otras voces tengan más peso que lo que Dios nos ha hablado y terminamos olvidando lo que ha dicho.
La solución para no olvidar es repetirlo. Y eso es lo que Dios le dijo a su pueblo años atrás. Dios les da una Palabra para que repitan una y otra vez. El Shemá en Deuteronomio 6:4-9.
Repitamos una y otra vez lo que Dios nos ha hablado. Algún día será un escudo contra las mentiras del enemigo. Repitamos las verdades de Dios porque ya se han cumplido en nosotros, todo ha sido consumado. Lo que Dios ya ha proclamado sobre nosotros, sobre nuestra identidad, sobre nuestro hogar, sobre nuestra iglesia, sobre nuestro país, ya lo ha hecho.
Cuando el enemigo intente cambiar la voz de Dios no podemos permitirlo. Jesús cuando fue tentado dijo: “escrito está”; David recordaba una y otra vez las promesas que el Señor le había dado, el reflejo que Él había visto como en un espejo. Es tiempo de empezar a tomar autoridad sobre nuestras vidas y empezar a recordar lo que el Señor nos ha dicho.
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