«Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos…» — Filipenses 4:7
¿Sabías que los huracanes tienen una zona de calma absoluta? Mientras que a su alrededor los vientos son destructivos y fuertes, justo en el centro se encuentra el ojo del huracán. Ahí, el cielo se vuelve despejado y quienes han estado en ese punto describen minutos de una tranquilidad impresionante. En el día a día, a menudo nos encontramos en medio de tormentas inesperadas: el tráfico intenso, un recién nacido que no para de llorar o esa discusión acalorada que tuviste en la mañana con tu hijo adolescente.
En esos momentos de crisis, la oración es nuestra invitación a entrar al ojo del huracán. Una forma muy práctica de lograrlo es pegar versículos clave en el espejo, el auto o la oficina. Cuando el caos aparezca, lee ese pasaje rápido y conviértelo en una oración flash de un minuto. Orar en la tormenta no siempre frena el problema exterior, pero te llena de la paz de Dios.
Hoy, cuando sientas que las situaciones te sobrepasan, detente un segundo y mira Su Palabra. Tu Padre celestial promete darte una calma que no tiene lógica humana, manteniendo tu mente despejada aunque todo a tu alrededor siga girando con violencia.
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