“La mujer sabia edifica su casa más la necia con sus propias manos la derriba” Proverbio 14:1
¿Has jugado al Jenga? Ese juego en el que cada participante va sacando un bloque de una torre y al que se le cae, pierde. Nadie quiere ser el perdedor. A medida que la base se vuelve inestable, la tensión aumenta; sabes que en cualquier momento todo puede venirse abajo. Pero es solo un juego. Porque en la vida real, nadie derribaría con sus propias manos algo que construyó con esfuerzo y amor… ¿o sí?
Proverbios 14:1 habla de una mujer sin nombre, pero etiquetada con la palabra “necia”, que con sus propias manos derriba su casa. No parece lógico. ¿Cómo destruir algo que amas? Desde la necedad. La necedad es una venda que no nos deja ver que pequeñas actitudes, palabras impulsivas y decisiones sin oración están retirando piezas importantes. Nada parece grave, la torre sigue en pie… hasta que cae.
El contraste es la mujer sabia. Ella también usa sus manos, pero con prudencia. Pregunta al Arquitecto perfecto, Jesús, qué pieza mover y cuál dejar. No actúa dominada por sus pasiones. Hoy pregúntate: ¿con tus manos construyes tu casa o la derribas? Nunca es tarde para pedirle al Arquitecto que dirija la obra de tu vida.
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