En el corazón de la Antártida, el pingüino emperador macho protagoniza una de las pruebas de amor más extremas de la creación. Permanece hasta 115 días sin probar bocado, soportando vientos de -60°C y perdiendo casi la mitad de su peso corporal solo para proteger a su huevo. Si el huevo llegara a tocar el hielo, moriría en menos de 2 minutos, es por eso que esta ave evita moverse, no se alimenta y permanece incómoda hasta el regreso de las mamas pingüino
Este sacrificio natural ilustra perfectamente lo que leemos en 1 Corintios 13:7 “El amor todo lo sufre”.
Quizás has escuchado la idea de “primero tienes que estar bien tú para poder amar”. Sin embargo, el amor de Jesús nos propone un camino contracultural. A veces implica sacrificar el descanso, llorar con el que llora o postergar nuestros sueños para sostener la vida de alguien más.
A diferencia de los pingüinos, nosotros no lo hacemos solos. El pingüino depende de sus reservas de grasa, nosotros dependemos de la Gracia de Dios. Cuando nos vaciamos por amor, Dios se encarga de sustentarnos y abrigarnos. Al entregarnos, descubrimos que Su poder se perfecciona en nuestra debilidad.
No temas entregarte y sufrir por amor; Dios mismo es quien te sostiene mientras cuidas lo que Él te ha encomendado.
MIRA NUESTRA ACTIVIDAD EN LAS REDES SOCIALES