1 Corintios 13:4 “El amor no tiene envidia”
Hay un fenómeno moderno conocido como FOMO que es el miedo a perderse algo. Miedo a no estar en la reunión, en la foto, en el chat, en la oportunidad. Y detrás de ese miedo, si lo miramos bien, hay algo más profundo, una envidia moderna y muy decorada. No quiero solo “estar enterado”: quiero tener lo que el otro tiene, vivir lo que el otro vive.
Muchas veces mi frustración y mi ansiedad nacen de tener lo que no quiero o querer lo que no tengo. Y cuando mi corazón se alimenta de comparaciones, se vuelve imposible amar bien. Porque “el amor no tiene envidia”. Si me acerco a otros desde la comparación, los convierto en amenaza o en trofeo, pero no en prójimo.
Piensa en tus relaciones: ¿eres transparente al relacionarte, o te acercas por conveniencia, por sentirte parte, por mirar lo que “te falta”? Esa dinámica, tarde o temprano, alimenta envidia y termina en amargura.
El amor de Jesús no compite. No mira la vida del otro para decir “yo soy menos”, sino para decir “¿cómo puedo servir?”. Hoy pídele al Señor: “Limpia la envidia que guardo en mi corazón y enséñame a alegrarme de verdad por los demás.”
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