«Rut trabajó en los campos y recogió granos hasta el final de la cosecha de cebada. Luego siguió trabajando durante la cosecha de trigo…Y todo ese tiempo vivió con su suegra.» Rut 2:23
¿Has sentido que tu vida es insignificante, monótona, pequeña? Piensa en el bambú japonés. Durante cinco o siete años parece no hacer nada. Es una planta sencilla que solo necesita agua y cuidado. A simple vista no crece. Pero bajo tierra está formando raíces profundas y fuertes. Cuando el sistema está listo, puede crecer hasta un metro por día y alcanzar gran altura en pocas semanas.
Así fue la vida de Rut. Extranjera, viuda y pobre. Nada en su historia parecía extraordinario. Decidió quedarse con su suegra, trabajar recogiendo espigas, cocinar, servir, perseverar. Tareas simples, repetidas, silenciosas. Pero Dios veía cada acto de fidelidad. En el momento correcto fue redimida por Booz, su realidad cambió y su nombre quedó para siempre en la historia: bisabuela del rey David y parte de la genealogía de Jesús.
Muchas veces soñamos con grandeza visible, pero Dios busca fidelidad en lo pequeño: ese ministerio oculto, ese trabajo constante, esos platos que lavas por décima vez, ese cuidado paciente. Nada es insignificante cuando se hace para Él.
¿Eres fiel donde Dios te puso? Riega tu “bambú” aunque parezca que no pasa nada. Dios lo ve. Las raíces que Él está formando un día sostendrán un gran árbol. No te canses de hacer el bien; a su tiempo cosecharás.
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