«El Señor te protegerá de todo mal; él cuidará tu vida. El Señor cuidará tu salida y tu entrada, desde ahora y para siempre». — Salmo 121:7-8
Hoy en día existen relojes con GPS, aplicaciones de rastreo y cámaras en las habitaciones para monitorear a los hijos. Los padres modernos invertimos mucho dinero y energía tecnológica para saber exactamente dónde están y qué hacen en cada segundo. Buscamos desesperadamente control, pero la realidad nos golpea: no podemos cuidar sus mentes, sus emociones ni sus decisiones cuando no nos ven. No podemos estar en su salón de clases, en sus teléfonos ni en su futuro.
Ahí es donde entra el único «GPS» eterno: la oración. Orar por tus hijos es enviar una protección invisible a lugares donde tus ojos no pueden llegar. Al doblar tus rodillas por ellos, estás descansando en que Dios es el único que puede caminar siempre a su lado, cuidándolos en los momentos donde tú no estás. No te desgastes intentando controlarlo todo con tus propias fuerzas; mejor aprende a interceder por sus debilidades y a bendecir su mañana.
Tu presencia con ellos es limitada, pero tus oraciones no tienen fecha de caducidad. Hoy, entrega el control a tu Padre celestial y confía en que Él guiará sus pasos en el camino correcto.
MIRA NUESTRA ACTIVIDAD EN LAS REDES SOCIALES