Una reflexión basada en el Salmo 118:5-6
Hay momentos en los que sentimos que todo se cierra a nuestro alrededor. Las preocupaciones, las responsabilidades, los problemas familiares, económicos o de salud… todo parece presionarnos como si estuviéramos atrapados entre dos paredes que se acercan sin darnos respiro. Es una sensación de asfixia emocional, mental y espiritual.
La Biblia no es ajena a esta experiencia. El salmista lo expresó con claridad en el Salmo 118: “Desde la angustia invoqué a Jehová, y me respondió Jehová, poniéndome en lugar espacioso. Jehová está conmigo; no temeré.”
La palabra “angustia” en hebreo es metsár, que literalmente significa “lugar estrecho” o “estrechez”. Describe ese estado en el que sentimos que no hay salida, que el alma se encoge y que el aire emocional se agota. Es una imagen poderosa de lo que muchos viven a diario: ansiedad, desesperanza, presión constante.
Pero el salmista no se quedó en ese lugar. Él tomó una decisión que cambió su situación: invocó a Dios.
La palabra hebrea para “invocar” es cará, que implica clamar, gritar, llamar con urgencia. No se trata de una oración mecánica o superficial. Es un clamor profundo, una súplica que nace del alma. Es ese momento en el que, sin importar las palabras exactas, el corazón se abre y dice: “¡Señor, ayúdame!”
Y lo más hermoso es que Dios responde. No se queda en silencio. No ignora el clamor sincero. El mismo salmo lo afirma: “me respondió Jehová”.
La respuesta de Dios no es solo consuelo emocional. Es acción. El salmista dice que Dios lo puso en un “lugar espacioso”. En hebreo, esta expresión implica “amplitud, libertad, expansión”. Es lo opuesto a la angustia. Es volver a respirar, a ver con claridad, a caminar sin miedo.
Este lugar espacioso puede ser una nueva etapa, una solución inesperada, una paz interior en medio del caos, o una fortaleza renovada para seguir adelante. No siempre significa que el problema desaparece, pero sí que ya no nos domina. Porque ahora sabemos que Dios está con nosotros.
La declaración final del salmista es poderosa: “Jehová está conmigo; no temeré.” Cuando reconocemos la presencia de Dios en medio de nuestras batallas, el temor pierde fuerza. La angustia ya no tiene la última palabra. La compañía de Dios transforma nuestra perspectiva, nos da seguridad y nos recuerda que no estamos solos.
Este pasaje no es solo una historia antigua. Es una invitación viva para ti hoy. Si estás en un lugar de angustia, si sientes que no puedes más, no te resignes. No te acostumbres a vivir en estrechez. Haz lo que hizo el salmista: invoca al Señor.
Él está cerca. Él escucha. Él responde. Y cuando lo hace, te lleva a un lugar espacioso. Un lugar donde puedes respirar, confiar y vivir con esperanza.
No importa cuán apretada parezca tu situación actual. Dios tiene un lugar espacioso preparado para ti. Solo tienes que clamar. Solo tienes que confiar. Y entonces, como el salmista, podrás decir con certeza: “Jehová está conmigo; no temeré.”
MIRA NUESTRA ACTIVIDAD EN LAS REDES SOCIALES